Pregón de la Esperanza — Carta de Procesión (342 d.C.)
Pregón de la Esperanza

¡El vacío retrocede!
A todos los pueblos libres de Omnia, nuestra tierra, ¡Escuchadme!
Heme aquí que atestiguo por mi ojo y escribo de mi mano, que este pregón dirigido a todos es verdadero.
Yo no soy nadie, un pobrísimo paladín de Valeria, al servicio de La Triada, que marchó junto a la alianza de reinos hacia Thaloria para tratar de recuperar Eurequia de las manos del Innombrable… Más fui de los primeros en atravesar las puertas del metal deformado.
He sangrado por abrazar poseídos y traerlos de vuelta, he interrogado direnas, he abatido Wendigos, he visto reinas corruptas caer, he reprobado a los nobles orgullosos, he desafiado a Nigromantes y he mirado de vuelta al Caos mismo y he soportado su capricho.
Pero mi mayor logro ha sido poder ayudar a propiciar el milagro que os he de explicar.
¡Lo hemos conseguido!
No fue por las promesas de los nobles, ni por el orgullo de las naciones, sus estandartes y sus colores, sino por la fe y la voluntad de cada hombre, elfo, orco y Témnari que acudió a luchar al abismo, cuando, dejada toda esperanza de sobrevivir, nos lanzamos hacia el oscuro abismo a cita con el destino.
Os digo, pueblo, que en Thaloria, por primera vez en siglos, se vio espalda contra espalda a guerreros, sanadores, paladines, místicos y chamanes de toda índole y origen, juntos, gritándole al Innombrable que estamos unidos y que él está solo, pues hasta sus familiares luchan con nosotros.
Por primera vez, en una noche aciaga, abandonados por los dirigentes y el ejército, pero guiados a la batalla por mis hermanos Paladines, el pueblo nos siguió y ante el vacío todos fuimos Omnia… Hacia la muerte, todos fuimos en procesión.
Y el abismo, por una vez… Retrocedió.
¡Que cunda la palabra por todo el continente, llevad la buena nueva a todas las plazas y preparaos!
Hay esperanza. Podemos ganar. La infame tiniebla de la catástrofe no llegará a Valeria.
Ayer conseguimos salvar Eurequia. Mañana… Limpiaremos Val’Sacer.
Preparaos, porque el día de la retribución y la marcha de los vivos, unidos en la fe y las armas, está por llegar… Una peregrinación de luz que llenará el vacío y reclamará toda la tierra de los que soñamos, respiramos, amamos y morimos…
Velad… Pues la hora está cerca.
Y cuando la hora llegue, porque aun dejada toda esperanza de victoria no nos pudieron quitar las ganas de luchar, las ansias de vivir y el ímpetu de continuar los unos por los otros; tal y como hicimos reconquistando Thaloria, gritad vosotros también al unísono.
¡REGHEL YA HA PERDIDO!
Procesión, 342 d.C.


Pregón de la Esperanza

¡El vacío retrocede!
A todos los pueblos libres de Omnia, nuestra tierra, ¡Escuchadme!
Heme aquí que atestiguo por mi ojo y escribo de mi mano, que este pregón dirigido a todos es verdadero.
Yo no soy nadie, un pobrísimo paladín de Valeria, al servicio de La Triada, que marchó junto a la alianza de reinos hacia Thaloria para tratar de recuperar Eurequia de las manos del Innombrable… Más fui de los primeros en atravesar las puertas del metal deformado.
He sangrado por abrazar poseídos y traerlos de vuelta, he interrogado direnas, he abatido Wendigos, he visto reinas corruptas caer, he reprobado a los nobles orgullosos, he desafiado a Nigromantes y he mirado de vuelta al Caos mismo y he soportado su capricho.
Pero mi mayor logro ha sido poder ayudar a propiciar el milagro que os he de explicar.
¡Lo hemos conseguido!
No fue por las promesas de los nobles, ni por el orgullo de las naciones, sus estandartes y sus colores, sino por la fe y la voluntad de cada hombre, elfo, orco y Témnari que acudió a luchar al abismo, cuando, dejada toda esperanza de sobrevivir, nos lanzamos hacia el oscuro abismo a cita con el destino.
Os digo, pueblo, que en Thaloria, por primera vez en siglos, se vio espalda contra espalda a guerreros, sanadores, paladines, místicos y chamanes de toda índole y origen, juntos, gritándole al Innombrable que estamos unidos y que él está solo, pues hasta sus familiares luchan con nosotros.
Por primera vez, en una noche aciaga, abandonados por los dirigentes y el ejército, pero guiados a la batalla por mis hermanos Paladines, el pueblo nos siguió y ante el vacío todos fuimos Omnia… Hacia la muerte, todos fuimos en procesión.
Y el abismo, por una vez… Retrocedió.
¡Que cunda la palabra por todo el continente, llevad la buena nueva a todas las plazas y preparaos!
Hay esperanza. Podemos ganar. La infame tiniebla de la catástrofe no llegará a Valeria.
Ayer conseguimos salvar Eurequia. Mañana… Limpiaremos Val’Sacer.
Preparaos, porque el día de la retribución y la marcha de los vivos, unidos en la fe y las armas, está por llegar… Una peregrinación de luz que llenará el vacío y reclamará toda la tierra de los que soñamos, respiramos, amamos y morimos…
Velad… Pues la hora está cerca.
Y cuando la hora llegue, porque aun dejada toda esperanza de victoria no nos pudieron quitar las ganas de luchar, las ansias de vivir y el ímpetu de continuar los unos por los otros; tal y como hicimos reconquistando Thaloria, gritad vosotros también al unísono.
¡REGHEL YA HA PERDIDO!
Procesión, 342 d.C.

