
DIOSES
En Omnia, los dioses no son meras leyendas, sino fuerzas vivas que moldean el destino del mundo y de sus habitantes. Venerados con devoción o temidos con respeto, estas entidades representan los aspectos fundamentales de la existencia: la luz y la oscuridad, la creación y la destrucción, el orden y el caos. Algunos caminan entre los mortales otorgando bendiciones, mientras que otros observan desde planos inaccesibles, esperando el momento adecuado para intervenir. Su influencia se extiende a cada reino, cada raza y cada cultura, definiendo los cimientos de la fe, la magia y el equilibrio del universo

DIOSES
En Omnia, los dioses no son meras leyendas, sino fuerzas vivas que moldean el destino del mundo y de sus habitantes. Venerados con devoción o temidos con respeto, estas entidades representan los aspectos fundamentales de la existencia: la luz y la oscuridad, la creación y la destrucción, el orden y el caos. Algunos caminan entre los mortales otorgando bendiciones, mientras que otros observan desde planos inaccesibles, esperando el momento adecuado para intervenir. Su influencia se extiende a cada reino, cada raza y cada cultura, definiendo los cimientos de la fe, la magia y el equilibrio del universo

En Omnia, los dioses no mueren. Pueden desaparecer de la realidad visible, ser sellados o retirarse, pero su voluntad permanece latente. Son manifestaciones de fuerzas primordiales que nunca se extinguen del todo.
Este principio, define que incluso en ausencia, la influencia de los dioses puede reaparecer lentamente:
Mediante sueños, reliquias, rituales perdidos o acciones menores.
O por seguidores antiguos que guardan su memoria y preparan su regreso.
La Tríada
Candere “Sol”, la Radiante

Diosa de la luz, el calor, la justicia y el valor incansable. Lideró la rebelión contra su padre Reghel, rompiendo su propio corazón para proteger la vida y el orden. Su luz no sólo disipa las sombras, sino que también da fuerza a los corazones puros. Es la protectora de los pueblos, la guía de los reyes y la patrona de los ejércitos que luchan por causas justas. En combate, se le reza clavando la espada en tierra y llevando la mano al corazón, un gesto de entrega y compromiso. Su reliquia es una corona de oro de picos altos, engarzada con gemas verdes que simbolizan la esperanza y la determinación. Aquellos que la portan están envueltos en un aura de liderazgo inquebrantable.


Réseme “Luna”, El Observador

Dios de la noche, el misterio, la introspección y las emociones profundas. Es quien inspira a artistas, soñadores y guardianes nocturnos, y cuya luz serena acompaña a los que caminan en la oscuridad. Su naturaleza cambiante lo vuelve impredecible, pero también profundamente sabio. Fue quien, en medio del caos, sesgó sin querer la vida de su hermano Tierra, acto que marcaría su existencia con remordimiento y una voluntad renovada de proteger a los más débiles. En combate, se le invoca sujetando la espada por el filo y pegándola al corazón. Su reliquia es esa misma espada, una hoja bañada en la sangre divina, que otorga valentía y fiereza a su portador.
Témese “Tierra”, el Guardián

Dios de la vida, la fertilidad, el equilibrio natural y la protección del entorno. Su cuerpo dio forma a ríos, bosques, montañas y llanuras, convirtiéndose en el corazón palpitante de Omnia. Fue quien intentó detener la guerra entre sus hermanos, y murió al interponerse en un último y devastador ataque, su sacrificio permitió que el mundo floreciera. Su esencia aún vibra en el corazón del planeta, y su recuerdo vive en cada ciclo de cosecha. Sus devotos lo honran colocando la mano sobre la tierra y alzando la otra al cielo, en busca de armonía. Su reliquia es un brazal de esmeraldas, decorado con una flor de bronce cuyo aroma reconforta y cura, haciendo brotar vida en lugares antes estériles.

Los Menores

Muerte, El Equilibrio Mortal

Figura insondable y enigmática, nacida de la necesidad de los dioses de poner fin a la eternidad. Muerte no fue creada por un solo ente, sino moldeada por los tres hermanos a partir del vacío de Reghel, para custodiar el límite entre la vida y el olvido. Cambia de forma a voluntad y su rostro siempre está cubierto por un velo negro, con una corona de cuernos que simboliza los caminos entrelazados del destino. Es la hilandera de los hilos de la existencia, quien decide cuándo cortar y cuándo entrelazar.
Quienes buscan comunicarse con los muertos o sellar pactos con ella deben hacerlo con extremo cuidado. Su ritual más conocido, requiere la presencia de cinco participantes y un sacerdote. Nadie debe mirar durante la invocación. Los participantes vierten su sangre en un cuenco y la sujetan al centro mediante un hilo rojo. Si ella acude, marcará al elegido con la sangre ofrecida, cumpliendo su deseo… al precio que considere justo.
Su reliquia es un colgante dorado que contiene una gota de su propia sangre. Se dice que permite despertar a los muertos, aunque sin alma ni juicio, y que su uso indebido puede atraer su ira. Nadie que la haya invocado y la haya visto directamente ha vivido para contarlo.
Dvorak, El Caos Errante

Dios del cambio, la libertad, la reinvención y la ruptura de cadenas. Nacido del deseo de Muerte por tener compañía, moldeado del barro y de los flecos de su velo. Su figura siempre cambia: hoy mendigo, mañana rey, al día siguiente viajero. No posee templos fijos ni clero organizado; su culto es libre, espontáneo y clandestino. Sus rituales son silenciosos: un círculo de ceniza, una gota de sangre y un río que guarde el deseo. Su reliquia es una capa oscura tejida con fragmentos del velo de Muerte, que detiene el tiempo y resguarda del clima, convirtiendo a su portador en un espectro libre.


Alborea, La Ley Siniestra

Hija de Reghel, nacida del rencor y la ambición. Diosa de la opresión, la ley inflexible, el orden autoritario y el dominio absoluto. Se le representa con una corona de hierro oxidado y un cetro de cadenas. Fue encerrada por sus hermanos por desafiar la armonía con sus dictados de hierro. Sus devotos se ocultan, pero en las ciudades donde reina el miedo, su doctrina florece. Su reliquia es una corona de hierro forjada con los barrotes de su celda, capaz de doblegar voluntades y someter reinos enteros con tan solo una orden.
Los Ascendidos

Mormyr, El Puño de Hierro

Un orco brutal y despiadado que ascendió a la divinidad por intervención directa de Reghel, fascinado por su sed de conquista. Es el dios de la fuerza opresora, la guerra sin honor y la dominación a través del miedo. Se manifiesta en campos de batalla donde la compasión ha muerto. Sus fieles son soldados renegados, caudillos tiránicos y clanes de la montaña que veneran el poder sin restricciones. Su reliquia es el colmillo que se arrancó a sí mismo para asesinar a su carcelero, un diente negro que destruye todo lo que toca y cuya herida jamás cicatriza.
Auriel, el Legislador

Antiguo mortal de noble corazón cuyas acciones ejemplares lo elevaron al panteón. Dios de la ley, el juicio justo y la verdad sin adornos. Se le representa con los ojos vendados, una balanza en una mano y un tomo en la otra. Es venerado por magistrados, escribas, gobernantes y todos aquellos que hacen cumplir la ley. Sus fieles recitan plegarias que claman por la imparcialidad y la claridad en los dictámenes. Su reliquia es una lágrima de zafiro, fría y resplandeciente, que revela la verdad absoluta y niega toda mentira, por piadosa que sea.

Primigenios
Reghel, El Vacío Puro

Padre primordial de todos los dioses, surgido del vacío absoluto y consumido por su propia oscuridad infinita. Representa el caos sin forma, la locura primigenia y la destrucción eterna. Su presencia arrasa todo a su paso, devorando la esperanza y quebrando la voluntad de los seres vivos. Su sed de poder y dominio se tornó tan insaciable que incluso su amor por sus hijos se extinguió, dando inicio al primer gran conflicto divino. Fue derrotado por su hija Sol, quien lo enfrentó con dolor y valentía, y su esencia fue dispersada por el cosmos. Su reliquia, la Gema del Vacío, es un rubí gigantesco que contiene su corazón. Se dice que quien la posea y logre desbloquear su poder podría devolver a Reghel a su forma corpórea y desatar un cataclismo sin precedentes.
