Historia de Omnia

Breve historia de Valeria

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Hacia el -700 a.C. aproximadamente, tras la expulsión de los orcos al este de Omnia, los remanentes humanos que lucharon, provenientes de clanes de lo que hoy es Eurequia, se asentaron en estas tierras, dando origen a Valeria con el tiempo. Al llegar, comprendieron la necesidad de contar con un líder para organizarse y protegerse frente a otros grupos nómadas que codiciaban sus nacientes campos cultivados. Los guerreros más fuertes se encargaron de vigilar a los campesinos mientras trabajaban, preparados para defenderlos en caso de ataque. Los niños, ancianos y aquellos incapacitados para empuñar un arma dedicaron su esfuerzo a labrar la tierra y a acumular las rocas que, con el tiempo, conformarían la muralla defensiva de la ciudad.

En medio de esa vigilancia y trabajo comunitario, los ancianos y jefes de clan eligieron al caudillo más fuerte, leal y valiente. Ese líder unificó a las familias bajo un único estandarte y dirigió la defensa de la población. La religión politeísta de Valeria se sustenta en tres deidades: el Sol, la Luna y la Tierra, veneradas como una sola, La Tríada. A partir de esa fe, se estableció que el mejor guerrero sucedería al rey predecesor tras su muerte o enfermedad, garantizando que solo el protector más capacitado ascendiera al trono. El primer monarca fue Valeron, de quien proviene el nombre de Valeria.

Valeron decretó un sistema educativo escalonado: de cinco a once años, los niños recibían instrucción en la doctrina de la Tríada, comprendiendo el papel de los dioses en la vida cotidiana; de doce años hasta la mayoría de edad aprendían la agricultura y la ganadería; y al alcanzar la mayoría de edad comenzaban su entrenamiento militar. De este modo, los jóvenes futuros guerreros se forjaban en el combate, mientras quienes carecían de habilidades marciales cuidaban los campos.

Aunque las labores diarias parecían separar la esfera religiosa de la cotidiana, la fe en la Unión de la Tríada era el corazón de la cohesión social. Todos rendían culto a uno de los hermanos divinos: el Sol, hermana mayor, símbolo de fuerza y disciplina que guiaba a los soldados en la batalla; la Luna, hermano mediano, reflejo de pasiones y cambios cuyas fases aludían a la incertidumbre en el combate; y la Tierra, hermano menor que yace sepultado para frenar el conflicto entre Sol y Luna, nutriendo los campos y manteniendo el equilibrio. La iconografía oficial muestra un triángulo invertido, donde el Sol y la Luna ocupan los vértices superiores en constante pugna, y la Tierra se encuentra en la base, sosteniendo la armonía.

Pasó un siglo hasta culminar la muralla y la fortaleza de Valeria, una obra defensiva cuyo esplendor consolidó el poder de la ciudad y aún hace temblar a sus enemigos. Valeria se encuentra al este de Omnia, rodeada por montañas al norte y bañada por el mar al este. La ciudad prospera gracias a la pesca y a la exportación de tesoros y reliquias obtenidos en territorios vecinos.

Comentar que, a pesar de la historia y el pasar de los siglos, la proximidad con Eurequia generó una larga rivalidad por el control de los terrenos colindantes. Numerosas escaramuzas militares degeneraron los campos y obligaron a ambas partes a firmar un tratado de paz que mantuvo la frontera estabilizada durante varias generaciones.