Cartas de Jolie #10: 335 d.C

A lo largo de los años, he visto la injusticia enraizada en nuestro reino. Recuerdo con claridad cuando, siendo una joven de seis años, comencé a visitar en secreto el barrio élfico de Val’Sacer. Lo que vi allí cambió mi vida, pero tenía muchas incógnitas todavía sin resolver. En medio de la pobreza y el dolor, me encontré con un pueblo marginado, cuyos gritos de sufrimiento eran ignorados por aquellos que gobernaban. Fue allí, entre las sombras de la miseria, donde conocí a Elaith, un joven elfo marcado por las cicatrices de la guerra. Su familia, destruida por las campañas de expansión de mi padre, me hizo comprender la verdad que tanto tiempo había evitado ver.
Elaith me habló de la opresión que los humanos ejercían sobre su gente, del desprecio que mi propio reino sentía hacia ellos. Ese día entendí que mi destino no estaba ligado al trono, sino a la justicia. Desde entonces, comencé a ayudar en lo que pude, entregando alimentos y recursos a los elfos y los hijos de aquellos que habían sido empujados a la guerra, forzados a luchar por una causa que no era la suya.
Aquellas noches secretas en el barrio élfico me enseñaron durante estos años que el poder no se mide por las tierras conquistadas ni por los títulos que uno hereda, sino por la capacidad de hacer lo correcto, aunque eso signifique desafiar el sistema que te dio la vida.
Ahora, cuando miro hacia el pasado, veo la línea clara que separa lo que fui de lo que soy. Nunca fui parte de las ideas de supremacía que envenenaban a Val’Sacer.
Jolie Lyssenfleur

Cartas de Jolie #10: 335 d.C

A lo largo de los años, he visto la injusticia enraizada en nuestro reino. Recuerdo con claridad cuando, siendo una joven de seis años, comencé a visitar en secreto el barrio élfico de Val’Sacer. Lo que vi allí cambió mi vida, pero tenía muchas incógnitas todavía sin resolver. En medio de la pobreza y el dolor, me encontré con un pueblo marginado, cuyos gritos de sufrimiento eran ignorados por aquellos que gobernaban. Fue allí, entre las sombras de la miseria, donde conocí a Elaith, un joven elfo marcado por las cicatrices de la guerra. Su familia, destruida por las campañas de expansión de mi padre, me hizo comprender la verdad que tanto tiempo había evitado ver.
Elaith me habló de la opresión que los humanos ejercían sobre su gente, del desprecio que mi propio reino sentía hacia ellos. Ese día entendí que mi destino no estaba ligado al trono, sino a la justicia. Desde entonces, comencé a ayudar en lo que pude, entregando alimentos y recursos a los elfos y los hijos de aquellos que habían sido empujados a la guerra, forzados a luchar por una causa que no era la suya.
Aquellas noches secretas en el barrio élfico me enseñaron durante estos años que el poder no se mide por las tierras conquistadas ni por los títulos que uno hereda, sino por la capacidad de hacer lo correcto, aunque eso signifique desafiar el sistema que te dio la vida.
Ahora, cuando miro hacia el pasado, veo la línea clara que separa lo que fui de lo que soy. Nunca fui parte de las ideas de supremacía que envenenaban a Val’Sacer.
Jolie Lyssenfleur
